• Paulina Sallés Bastarica

VIDA SOCIAL DE LOS PROFESIONALES SOLTEROS SIN HIJOS DE 40 Y TANTOS


Algunos solteros sin hijos, principalmente aquellos que han cultivado sus amistades más tempranas (de colegio y/o universidad), han logrado mantenerse integrados en sus grupos de pertenencia. Pueden compartir con las familias de sus amistades, asistir a los cumpleaños infantiles y continuar juntándose a solas con esos mismos amigos de vez en cuando, conservando sus temas en común.

Sin embargo, otros, tal vez aquellos que han tenido círculos más pequeños, o que no han sostenido relaciones de larga data, pueden llegar a sentirse desplazados, no considerados o a veces aburridos, cuando, por cualquier motivo, no logran integrarse con las familias y parejas de sus amigos o, juntarse con ellos deja de ser interesante porque ya no tienen temas en común.

En la vida de toda persona es importantísimo compartir con pares en circunstancias similares a las propias. Las personas emparejadas, además de acompañarse entre sí, conocen por ambos lados a los amigos de sus parejas y tienen instancias sociales de a 4 o más. Los padres conocen a otros padres en los colegios de sus hijos. Pero los solteros sin hijos de cuarenta y tantos años tienen escasas posibilidades de conocer gente nueva, ya que los círculos sociales se han cerrado y ni siquiera es posible encontrar lugares (como bares o discotheques) a los que puedan ir solos sin sentirse como “los tíos carreteros”. Por esta razón, si en su círculo más cercano no cuentan con amigos que estén en las mismas condiciones, terminan realizando sus viajes, deportes y actividades de interés, solos o en agrupaciones, talleres y agencias.

Un tema que cabe destacar, pues de un modo u otro afecta la autopercepción y las expectativas de estas personas, es la visión negativa que se suele tener acerca de la soltería, principalmente en este grupo etáreo, a pesar de la libertad y otras ventajas que tiene estar solo. A veces esta noción se encuentra más arraigada en “los emparejados” que en los mismos solteros pero, de rebote, termina afectándolos pues se los mira con cierto grado de innecesaria compasión, que suele resultar incómodo. Pero también muchas personas que viven en esta condición, piensan que la soltería es un estado del que hay que salir pronto para estar en pareja, pues eso es ESTAR BIEN.

Lo anterior ocurre, en parte, porque existe una sobrevaloración y una visión idealizada de la vida en pareja. Por ello, algunos perciben que estar soltero es como estar manco o cojo, como si se estuviera incompleto. Otros piensan que quien llega a estar en esa condición es porque “nadie lo quiso” o porque “es lo que botó la ola”, sin tomar en consideración que, el que está soltero probablemente lo está porque consciente o inconscientemente lo ha decidido.

Películas como “El diario de Bridget Jones” que muestra a una mujer soltera, triste y desesperada por encontrar pareja y que sólo es feliz cuando por fin se concreta su amor con Mr. Darcy, quien también era un hombre amargado al que todos querían emparejar, hasta que logra concretar su relación con Bridget. Teleseries y películas cuyo final feliz es siempre un beso que hace pensar en un amor duradero, un encuentro desesperado y “sorpresivo” antes de que parta el avión del ser amado o un matrimonio maravilloso con las letras “fin” escritas en manuscrito almidonado, son algunos de los mensajes mediáticos que confirman y acentúan estas creencias. Pero nadie muestra qué sucede después, cuando Bridget se pone “brigid” y pelea con Darcy por este o este otro detalle, cuando tienen problemas económicos, logísticos, desencuentros sexuales, períodos en los que no se soportan, etc. La vida en pareja tiene altos y bajos, tiene de dulce y de agraz, igual que la vida de los solteros.

Ahora, habiendo ya analizado aspectos de la soltería y, continuando con el asunto de no tener hijos a los 40, es importante considerar que en las mujeres esta situación adquiere un matiz más dramático pues es “la última oportunidad” que se tiene para resolver si se quiere y se puede ser madre o no, porque desde los cuarenta y tantos, ya se asume que la mujer “no pudo” ser madre, sin siquiera considerar la opción de la maternidad tardía, o de que más adelante quiera utilizar un método alternativo para serlo, que haya decidido no serlo, o que se sienta cómoda y conforme en esa situación que, para muchos, se encuentra fuera de “lo normal”. Los hombres pueden esperar aún. Conocidos son los casos de hombres de sesenta y tantos que tienen hijos con mujeres jóvenes, queriendo o sin querer (ese ya es otro tema).

Cuando se trata de una maternidad o paternidad frustrada, la crítica, las preguntas y los comentarios acerca del por qué pueden ser muy dolorosas. Y, cuando se ha tratado de una decisión, los cuestionamientos son también molestos. Es increíble ver cómo todavía hay quienes piensan que aquellos que no quieren tener hijos son “egoístas”, “llevan una vida vacía y/o carente de trascendencia”, “no van a tener quien los cuide en la vejez” o “no van a conocer el amor verdadero porque no fueron padres”. Duros juicios que no debiesen tener espacio, pues esas decisiones son parte del mundo privado de quienes las toman.

Otro factor que en la actualidad acentúa los sentimientos negativos asociados a las diferentes condiciones relacionales, son las redes sociales. A pesar de sus múltiples ventajas, éstas son plataformas en las que, por lo general, las personas exponen lo mejor de sus vidas y hacen que algunos sientan que la propia está empobrecida en comparación con la de los demás. Los solteros sin hijos ven fotos enternecedoras de los panoramas familiares de sus contactos y se sienten más solos, mientras los emparejados y/o con hijos ven las de los anteriores, descansando o disfrutando de panoramas interesantes, y se sienten limitados por sus vínculos y responsabilidades.

Es aquí donde me atrevo a declarar que todos quisiéramos tener un poco de lo que los otros tienen. Los solteros sin hijos a veces quisieran tener pareja y/o sueñan con tener o haber tenido hijos y aquellos que tienen hijos, a veces añoran su vida de solteros, libres y sin las responsabilidades que ello conlleva. La diferencia está, en que es más fácil pensarse y manifestar el deseo de estar con pareja y con hijos (cuando aún es posible tenerlos), que sin la pareja y sin los hijos que ya se tienen.

Me atrevería a decir, a partir de todo lo anterior, parafraseando al cursi e insulso “poeta” Arjona, que a los 40 se es “la amalgama perfecta entre experiencia y juventud”. Los profesionales solteros sin hijos de 40 y tantos son un grupo de personas jóvenes con experiencia, con libertad, que suelen o pueden tener actividades e intereses diversos y que son bastantes los que disfrutan de su vida o tienen mucho potencial para hacerlo, pero que están muy desconectados entre sí. Esto ocurre porque no existen espacios regulares en los que puedan conocerse e interactuar, fuera de las aplicaciones de citas, que si bien son una buena y viable alternativa, a veces no son tan amables como se esperaría.

Por eso es importante generar espacios de encuentro, en función de potenciar y aumentar el bienestar de este creciente y valioso segmento de la sociedad chilena, conquistado en la actualidad por integrantes de la generación X, que demuestran que existen formas alternativas a las tradicionales de vivir una vida plena.

Mi primera iniciativa fue crear un grupo en Meetup para profesionales solteros sin hijos entre 38 y 48 años en Santiago (que es donde vivo)

, que permita generar redes y compartir actividades de interés. Si estás interesad@ en participar (de manera gratuita), sigue el enlace MeetupPasabaSolterosinhijos

Espero que esto sea un aporte y quedo atenta a sus comentarios.

Saludos y gracias por leerme

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  • Psicología y autocuidado
  • Paulina Sallés Psicóloga
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